AIM

http://otraresacamas.com/2014/07/13/me-estas-escuchando/
[...]
Él continuaba entrando y saliendo del salón, como si lunes o miércoles y no domingo. No sé que hacía pero me estaba empezando a marear. Le dije que si me estaba escuchando o qué y me dijo que no, que si yo acaso le escuchaba a él. Le contesté que la rubia era un poco sosa y que tenía menos tetas que la pelirroja pero que era más suelta.

A.  Irles

AIM

Ella: Yo diría que eres un cuentista.
Él: ¿Sí? Vaya… siempre me he visto más como novelista. Explorando el ancho territorio que abarca el género. Construir grandes personajes de intrincadas almas y con azarosas vid…
Ella: Pues no, resulta que no eres un cuentista: eres gilipollas. Si no me dices dónde estuviste anoche te rajo el estómago y te ahorco con tus propios intestinos.
Él: …
Ella: Es broma. Te quiero.
Él: …
http://otraresacamas.com/2013/08/27/se-acab-el-cuento/

AIM

Y sus ojos eran azules y verdes y grises. Eran cristalinos, transparentes y de todos los colores. Todo estaba en ellos., como dos espejos mirando enfrentados al universo. Estaba yo y estaban las sombras, corriendo asustadas. Estaba ella. Y estaban los demás. Estaba ayer y estaba mañana. Estaba ahora y luego. Aquí y nunca. Estaban mis manos temblorosas y mis pies en el suelo. Y estaban sus manos, fuera y dentro de sus ojos, que agarraban a las mías sosteniéndolas más firmemente que el suelo a mis pies. Y estaban todos y cada uno de los vellos de mi cuello que se relajaban con el perfume que me llegaba con sus susurros: “no están” decía, ” se han ido”.

http://otraresacamas.com/2014/04/14/shadows/

AIM

Acabar empezando y sin saber en que acabarás.

AIM

Entonces comenzó a quitarme la ropa como si pelara un plátano y a arrastrarme hacia la cama.

Cartero (C. Bukowski)

AIM

Siento no poder cumplir con mi deber de hombre verdaderamente moderno y culpar a los demás de haberme hecho como soy

Chesterton, Autobiografía

http://otraresacamas.com/2013/08/20/siento-no-poder-cumplir-con-mi-deber-de-hombre/

AIM

“Pero en secreto me consumía un horno infernal de reconcentrada lujuria por cada nínfula que encontraba pero a la cual no me atrevía a acercarme, pues era un pusilánime respetuoso por la ley”

H. H.

Lolita

http://otraresacamas.com/2013/10/02/en-secreto/

AIM

Era menuda. De aspecto frágil. Pálida, con visibles ojeras y unos enormes ojos verdes que las acentuaban.  Siempre callada y observando tras la ventana. Sin siquiera mirar. Cuándo algún rayo de sol invadía el cuarto, simplemente le atravesaba, como si fuera de cristal, como si allí no estuviera ella. Y cuando ella te miraba a los ojos, era ella la que te atravesaba, eras tú el que desaparecía. Sin embargo comía cuando tenía hambre, leía, se incorporaba cuando la enfermera lo requería…

Ese día, no parecía distinto. Como siempre, eramos más personas en aquella habitación. Y como siempre, parecíamos no existir, no tener más conciencia de existir que los muebles de la sala. Como digo, no parecía un día distinto, ni se podría intuir que nada lo fuera a cambiar. Hasta que entró él y en los ojos de ella se derramaron los recuerdos.

A.I.M.
http://otraresacamas.com/2013/08/29/hasta-aquel-dia/

AIM

Volví a aquella sala repleta de sombras y siluetas, de voces vacías y de ecos. Durante lo que, imagino recordar, fue una legión de días, la vorágine de sucesos y pensamientos, el huracán de instantes, de verdades reveladas, de dolor ignorado, se había ido estampando contra una pared, infinita e invisible. Un dique, no una barricada, que aislaba mi mente y que, ahora, al final, empezaba a resquebrajarse. Grupúsculos de pequeñas fisuras se habían formado dejando entrar, como gotas retumbando en el silencio oscuro de un sótano, la realidad, en un raudal aun contenido. Plop, plop, plop. Todos los sentidos, irremediablemente, centrados en esas gotas: plop, plop, plop. Consiguiendo que, de nuevo, olvidara, por instantes, el mar que aun ese muro parecía contener.

A. I. M.

AIM

Me desperté embotado y con los ojos tapados. Noté que había alguien sobre mis piernas desnudas a las que acariciaba con su respiración. Los olores, junto con su aliento suave, llenaban la estancia en la que me hallaba; alcohol, sexo, sudor, incienso y noche de juerga se mezclaban formando un perfume que me torturaba, un perfume salvaje que, junto a la presencia que se hallaba sobre mi, comenzó a provocarme un cosquilleo sobre mi miembro, aun medio flácido por la duda: ¿quién era ella? ¿era… Ella? Mis recuerdos de la noche eran borrosos, confusos, inciertos. Intenté mover los brazos para acariciarla, pero estaban atados con una fina y sedosa cuerda. Ya no cabía duda: era Ella, me la estaba devolviendo…

A.I.M.

 1 2 > 

6tory | inglés | español | condiciones