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Nino se retrasa. Para Amélie sólo caben dos explicaciones. La primera: que no encontró la foto. La segunda: que no tuvo tiempo de recomponerla porque una pandilla de atracadores de bancos le tomó como rehén. Perseguidos por la policía lograron escapar, pero él provocó un accidente. Cuando recuperó el conocimiento no recordaba nada. Un ex convicto que pasaba por allí le recogió en autostop y tomándolo por un fugitivo le escondió en un contenedor destinado a Estambul. Allí se topó con un grupo talibán afgano que le propuso acompañarle para volar unas cabezas de misiles soviéticos, pero su camión chocó con una mina en la frontera del Tayikistán. Sólo sobrevivió él. Acogido en una aldea de montañeses se convirtió en militante muyahidín. Así que Amélie no se explica por qué se preocupa tanto por alguien que come sopa de remolacha y lleva un tiesto horrible por sombrero.

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Estamos en Varsovia, capital de Polonia, en agosto de 1939. Europa aún está en paz. De momento, la vida en Varsovia continúa tan normal como siempre, pero de repente parece haber ocurrido algo. ¿Están viendo un fantasma estos polacos? ¿Por qué se ha detenido de repente ese automóvil? Todos miran atónitos en la misma dirección. La gente parece asustada, aterrorizada. ¿Puede ser cierto? El hombre del bigotito es... ¡Adolf Hitler! Adolf Hitler en Varsovia, cuando los dos países aún están en paz... Y totalmente solo. Parece extrañamente despreocupado por toda la excitación que ha provocado, mirando un escaparate. ¿Está interesado en los manjares de la tienda del señor Maslowski? Eso es imposible, él es vegetariano... Y sin embargo no siempre se atiene a su dieta: a veces se traga países enteros. ¿Acaso quiere zamparse a Polonia también? En cualquier caso, ¿cómo ha llegado hasta aquí? ¿Qué ha ocurrido? Todo empezó en el cuartel general de la Gestapo en Berlín…

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—Para uniros al ejército rendid pleitesía.
—Yo rindo pleitesía a Escocia. ¿Por qué huye vuestro ejército?
—¡Los ingleses son demasiados!
—¡Hijos de Escocia, soy William Wallace!
—William mide más de dos metros.
—Sí, eso dicen. Y mata hombres a cientos, y si estuviese aquí acabaría con los ingleses echando fuego por los ojos, y también rayos por el culo. Yo soy William Wallace, y estoy viendo a todo un ejército de paisanos míos, aquí, desafiando a la tiranía. Habéis venido a luchar como hombres libres, y hombres libres sois. ¿Qué haríais sin libertad? ¿Lucharéis?
—¡No! ¡Huiremos y viviremos!
—Luchad y puede que muráis. Huid y viviréis... un tiempo al menos. Y al morir en vuestro lecho de muerte, dentro de muchos años, ¿no estaréis dispuestos a cambiar todos los días desde hoy hasta entonces por una oportunidad, ¡sólo una oportunidad! de volver aquí a matar a nuestros enemigos? Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán... ¡¡La libertad!!

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—Yo no puedo hacer nada, solo cumplo órdenes. Me mandaron a deciros que estáis desahuciados.
—¿Quiere decir que me echa de mi tierra?
—No hay por qué enfadarse conmigo, yo no tengo la culpa.
—Pues entonces, ¿quién la tiene?
—Ya sabes que la dueña de la tierra es la compañía Shawnee Land.
—¿Y quién es la compañía Shawnee Land?
—No es nadie, es una compañía.
—Pero tiene un presidente. Tendrán alguien que sepa para qué sirve un rifle, ¿verdad?
—Pero hijo, ellos no tienen la culpa, el banco les dice lo que tienen que hacer.
—Muy bien, ¿dónde está el banco?
—En Tulsa, pero no vas a resolver nada allí, solo está el apoderado. Y el pobre solo trata de cumplir las órdenes de Nueva York.
—Entonces, ¿a quién matamos?

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—Coronel, ¿ordenó el código rojo?
—¿Quieres respuestas?
—¡Quiero la verdad!
—¡¡Tú no puedes encajar la verdad!! Vivimos en un mundo con muros que deben ser vigilados. ¿Quién va a hacerlo? ¿Tú? Yo asumo más responsabilidad de la que puedas imaginar. Lloras por Santiago y desprecias a los marines. Tienes ese lujo. No sabes que su muerte, aunque trágica, salvó vidas. Mi existencia, grotesca e incomprensible para ti, también. No quieres la verdad porque en tu interior me quieres y me necesitas en ese muro. Nosotros hablamos de honor, código, lealtad, como fundamentos de una vida dedicada a defender algo. Tú lo tomas a broma. No tengo tiempo ni ganas de explicarme ante quien vive bajo el manto de libertad que proporciono y cuestiona mi modo de hacerlo. Deberías agradecerlo y seguir tu camino, o armarte y defender un puesto. ¡Pero me importa un carajo a qué creas que tienes derecho!
—¿¡Ordenó el código rojo!?
—¡¡Por supuesto que lo hice, joder!!

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—Hablé con mamá. Estaba tan contenta que hasta lloró. Quiere que lleves su vestido de novia, es de encaje blanco.
—Osgood, no puedo casarme con el vestido de tu mamá. Seguro que... ella y yo no tenemos el mismo tipo.
—Podemos reformarlo.
—¡No hace falta! Osgood, he de ser sincera contigo. Tú y yo no podemos casarnos.
—¿Por qué no?
—Pues, primero porque no soy rubia natural.
—No me importa.
—Y fumo. Fumo muchísimo.
—Me es igual.
—Tengo un horrible pasado: desde hace tres años estoy viviendo con un saxofonista.
—Te lo perdono.
—Nunca podré tener hijos.
—Los adoptaremos.
—No me comprendes, Osgood. Ahh... ¡soy un hombre!
—Bueno, nadie es perfecto.

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Esto es penoso. Miles de personas, helándose el culo, están esperando para adorar a una rata. Qué tontería. El día de la marmota solía significar algo en este pueblo. Solían sacar la marmota y solían comérsela. ¡Sois unos hipócritas! ¡Todos! ¿Tienes algún problema con lo que estoy diciendo, Larry? Suelta la lengua, ponte aquí y habla, ¿eh? ¿Te estoy alterando, princesa? Si quieren una predicción acerca del tiempo le preguntan al Phil equivocado. Yo les daré una predicción del invierno: Va a ser frío. Va a ser gris. Y va a durarles el resto de su vida.

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No tengo que decirles que todo va mal. Hay crisis. Todos sin empleo o con miedo a perderlo. Con un dólar compras por valor de un centavo. Bancos quebrados, comerciantes armados, maleantes sueltos... Nadie sabe qué hacer y no se ve solución. Aire irrespirable, alimentos incomestibles... El informativo habla de quince homicidios hoy, como si fuera normal. Sabemos que las cosas están mal. Peor que mal, una locura. Por eso ya no salimos. En casa, nuestro mundo se empequeñece lentamente:

"Dejadme vivir tranquilo con mi televisor y mi tostadora"

¡Pues yo no voy a dejarles en paz! ¡Quiero que se indignen! No quiero protestas ni disturbios. No escriban al congresista. No sabría qué escribirle. No sé qué hacer con la crisis, inflación, rusos, crimen... ¡Solo sé que deben montar en cólera! Digan:

"¡Soy un ser humano, maldita sea! ¡Mi vida tiene valor!"

Levántense ahora mismo, asómense a la ventana y griten:

"¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!"

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—Cuéntame cómo me marcho...
—Es por la mañana. Tú y yo estamos en el hospital. Me despierto. Te veo, y estás mucho mejor. Cogemos la silla de ruedas para escaparnos del hospital. Nos encontramos con el doctor, que intenta detenernos. Vamos a toda velocidad y nos persiguen los camilleros. Mamá y Josephine están al final del pasillo. Salimos volando por la puerta principal, cruzamos y ahí está tu viejo coche rojo, pero está nuevo. Te cojo en brazos, no me lo explico pero no pesas casi nada. Vamos al río, evitamos el tráfico de la iglesia, los feligreses conducen tan lentamente... Y cuando ya estamos cerca del río vemos que todos ya están allí. Y me refiero a todos. Es totalmente increíble. Y no se ve ninguna cara triste porque todos se alegran tanto de verte y de despedirte como Dios manda. Y te conviertes en lo que siempre has sido: un pez muy grande. Y así es como ocurre.

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—No entiendo este sitio. A mí me hacen comprar un traje nuevo y tú puedes vestir de andar por casa. ¿Qué? ¿Adónde vas?
—Dime un cumplido, quiero uno. No te imaginas cómo ha herido mis sentimientos lo que acabas de decir. Un cumplido es algo bonito sobre otra persona. Ahora o nunca. Y siéntelo.
—Está bien. Tengo un cumplido realmente estupendo para ti, y es cierto.
—Me da pánico que vayas a decir algo horrible.
—Tengo una... dolencia. Mi médico, un psiquiatra al que solía ir continuamente, dice que en estos casos una pastilla ayuda mucho. Yo las odio, son muy peligrosas. Y mi cumplido es que aquella noche cuando viniste a casa y me dijiste aquéllo... Bien, mi cumplido para ti es que por la mañana empecé a tomar las pastillas.
—No logro captar por qué es un cumplido para mí.
—Tú haces que quiera ser mejor persona.
—Puede que sea el mejor cumplido de toda mi vida.

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