DonCine

Anoche soñé que volvía a Manderley. Me encontraba ante la verja pero el camino estaba cerrado. Entonces, me sentí poseída de un poder sobrenatural y la atravesé como un espíritu. El camino serpenteaba, retorcido y tortuoso como siempre, pero según avanzaba percibí que la naturaleza se había posesionado del mismo con sus tenaces dedos. Finalmente, allí estaba Manderley, reservado y silencioso. El tiempo no había desfigurado la perfecta simetría de sus muros. A veces la Luna puede jugar con la imaginación. Creí ver luz en las ventanas, pero una nube cubrió repentinamente la Luna y se detuvo un instante, como una mano sombría escondiendo un rostro. La ilusión se fue con ella, extinguiendo las luces. Veía un caserón desolado sin que el menor murmullo del pasado rozara sus imponentes muros. Nunca podremos volver a Manderley, esto es seguro. Pero algunas veces en mis sueños vuelvo allí, a los extraños días de mi vida que empezaron en el sur de Francia...

DonCine

—Yo no puedo hacer nada, solo cumplo órdenes. Me mandaron a deciros que estáis desahuciados.
—¿Quiere decir que me echa de mi tierra?
—No hay por qué enfadarse conmigo, yo no tengo la culpa.
—Pues entonces, ¿quién la tiene?
—Ya sabes que la dueña de la tierra es la compañía Shawnee Land.
—¿Y quién es la compañía Shawnee Land?
—No es nadie, es una compañía.
—Pero tiene un presidente. Tendrán alguien que sepa para qué sirve un rifle, ¿verdad?
—Pero hijo, ellos no tienen la culpa, el banco les dice lo que tienen que hacer.
—Muy bien, ¿dónde está el banco?
—En Tulsa, pero no vas a resolver nada allí, solo está el apoderado. Y el pobre solo trata de cumplir las órdenes de Nueva York.
—Entonces, ¿a quién matamos?

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