EPEV-Poerrante

- Yo, señor, no soy corrupto, mis bienes provienen de juegos de envite y azar callejeros y donaciones de buena voluntad– sentenció Ramón tratando de justificar su la inmensa cuenta bancaria descubierta.
- ¿no es corrupto? ¿le parece a ustedes que no hay triquiñuelas? ¿acaso no hay premeditación y alevosía en los hechos? ¿no hay engaños? – se preguntaba ante la audiencia el fiscal. Obviando la situación postrada, producto de la paraplejia del acusado por mala praxis en una operación, la cual contrariaba las decisiones del jurado que sentía cierta lastima por él. La demostración del delito, caía como guadaña sobre el cuello de Ramón que trataba de conseguir prerrogativas y condescendencias haciéndose víctima de celos y envidias de sus contendientes políticos, siendo él, victimario de preconcebida acción.
El jurado fue toda la calle, desinformado con la manipulación de la información mediática, los medios estaban a favor de Ramón, la justicia no.
Sellaron la sentencia y un libro nació.

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