Pumu

No soy capaz de cantar ni lo intento.
Ni siquiera escribo lo que llevo dentro.
Sólo vivo.
Sólo expreso, lo que mis labios sellan con mi aliento.
Todo ello, todo lo del octavo, chocaría contra mis dientes de no ser porque abres la boca hacia mi, y sale el humo, alborotado, caótico y asustado.

Pumu

No tan recuerdo… ni tan pasado… ya no se dice para sí que es sólo una pesadilla. Si duele… duele… y eso lo convierte en real. Un recuerdo presente, repetido y asfixiante.
En las pequeñas pupilas se refleja la claridad del día. Tan opaca que ni pestañear hace falta. Le duele todo. Pero hay que canalizar la rabia, cada vez queda menos de su persona en su propio cuerpo. Así que se pone un jersey viejo y sale al garaje. Ese saco ha silenciado más golpes que cualquier intento por hacer las cosas bien. Y golpea una y otra vez… preguntándose el por qué, si las cosas se hacen bien, los monstruos le persiguen. Un ciclo sin fin.
Me gustaría decir que ese ciclo terminó. Pero sólo se adaptó a temporadas como paréntesis en el tiempo. Esos monstruos siempre vuelven y el saco nunca se mueve.
Los finales tristes, no venden.

Pumu

Seguía sin entender porque se encendía ese cigarro de mierda de las mañanas. Si no le gusta… sabe únicamente a alquitrán en papel de regalo y plástico. Siempre se propone esperar al café al menos. Le sienta como un tiro con el estómago vacío. Pero esta mañana… esta mañana el orden de las cosas es distinto. Empezando por el dormir. Parece ser que no tocó hoy tampoco.
Abrir los ojos se acompasa con la gota de sudor frío generada cayendo por la espalda. Las punzadas se unen desde las costillas oprimiendo el aliento y siguiendo la rigidez corporal.
Algo sube queriendo perturbar y es ahí cuando el dolor se refleja en la mirada. El paso de las ojeras, el vacío, las dudas, el dolor y el ahogo. Da paso a una rabia progresiva que es incapaz de controlar. Sus pupilas se empequeñecen enfocando el recuerdo del pasado.

Pumu

Había algo en esos cuerpos quebrados… y las cicatrices afloraban a través de la piel.
Para ella, su historia eran sus tatuajes.
Él, con su mirada, despedazaba cada capa y el resultado era historia grabada.
Las tormentas ya habían amainado en sus vidas la primera vez que sucedió.
Sus ojos vidriosos y mortíferos mostraban algo efímero pero de desmenuzar su mirada… se veían claramente diminutas partículas de iris distantes entre sí espaciando la nada entre ellas. Esa mirada estaba rota. Sus ojos caían al vacío aferrándose a las coordenadas de sus pupilas, condena efímera.
No volvió a llorar. Y la rabia se derramó por dentro arrasando la lava de su fuerza. Fría y solidificada hacía ya miles de momentos.

Pumu

el alma es bailar con los sueños.
Pero...
si no hay música...
no hay baile.

Pumu

El tiempo es una locura.
Las nubes se mueven demasiado rápido, vuelven locos hojarasca y pájaros.
Los lagos de ocre se elevan bajo el azúcar blanco de algodones.
Pero el viento avisa, no es traidor.
Vendrá la oscuridad con canto caótico de aves y caerán árboles de canto contra el suelo encharcado, castigándolo.
De ser los algodones rosas, no se habría llegado a esto.
Nada es suficiente, nunca es demasiado.

Pumu

Una vez con ella, nuestro Dios puede cerrar los ojos, dejar que la noche caiga sobre mares y bosques.
Y se verán los dioses mundanos a escondidas en la noche de las bestias sueltas mientras se aman. Y os preguntareis: ¿puede dormir el odio junto al odio de las bestias de ambos mientras se aman? Sí puede. ¿Hay daños colaterales? También.
Esta leyenda es de dos amantes dioses errantes odiándose en momentos fugaces.  Nada de cuentos de hadas o princesas encantadas en historias mundanas. Habla de dolor desgarrador  y superación, con tiempo a favor. De amor contrarrestando vacío cegador. Habla de respiración entre dos.
¿Alguna vez viste al bosque y al mar juntarse? Eso es lo que pasa. Esos son Medeo y Aquila cuando se aman.
“ En mis ojos se nada, mi mirada ahonda en la nada del bosque” (Aquila).
“En mis ojos se indaga, mi mirada hunde daga en la nada del mar”  (Medeo).

Pumu

Según versiones, vivió eternamente como ser inmortal en los Campos Elíseos.
De aclarar esto, sí tendremos claro el de Aquila.
Vive en el mar más cercano a la mirada mundana que la ama. Porque sabe que Medeo se refugia en la oscuridad de sus ojos claros, para evitar la lluvia de miradas.
Es por eso que Medeo vuelve, porque las bestias de Aquila eligen cuidadosamente las batallas, evitan meterse con el grandullón de Medeo mientras los dioses se aman.
Contaré una  historia de amor de dioses, de dioses como niños, de sentimientos primitivos.
Dios Medeo de los bosques; de los mares, Aquila.
Son poeta y poetisa Medeo y Aquila.
Él, frondoso, complicado, luchador, frío, vivo, caduco y perenne. Personificación de la tierra. En su oscura mirada sobrevive la primavera, brotan flores al descansar el sonido del mar sobre las copas de Medeo.
Ella, borrascosa, impetuosa, gélida, profunda y transparente. Personificación del viento, se calma si en sus aguas está Medeo.

Pumu

Juraría que el viento trata de decirnos algo. ¿Cómo es posible que azote con tanta vehemencia dicha ventana ahuyentando mi letargo?
Han pasado suficientes días como para que se haya rendido, me agota ver como lucha por abrir rendijas hacia mi cobijo.
No sólo muestra él su tozudez. La lluvia, la nieve y el frío se unen a esa lucha. Me siento extremadamente pequeña viéndolos como se enfrentan.
Rasco buscando sabores.
Pero sólo hay algo que posa mi mano sobre esa manilla.
Los arcos de colores.
Su aparición implica calma momentánea, silencio atronador y osadía para el alma en nuestras vidas.
Podrá tronar, nevar, llover o incluso granizar. Podrá hacer un sol reluciente, cegador y tan caliente que de piel a huesos queme… podrá una ventisca azotar nuestros cuerpos deseosos de deseo que… con todo ello… sólo habrá una cosa por la que alzaremos la vista al cielo.
Los arcos en color
¿Por qué?
Por lo efímero.

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