CarmenConde

Una mañana, Aldonza Lorenzo se despertó en el granero vestida de princesa. La luz que le golpeó los ojos no fue la del alba y tampoco la tierra despeinada la esperaba con el rastrillo. Efectivamente, sin comprender ni cómo ni cuándo, se había convertido en Dulcinea.
Salieron a recibirla enseguida sirvientes que la vistieron y le prepararon el desayuno. No le dejaron trabajar en todo el día. Se miró las manos, que eran anchas y morenas y echó a llorar desconsolada. ¿Cuándo había perdido la esencia? Nunca llegaría a descubrirlo, pero había quedado atrapada en la imaginación de un hombre que no vivía muy lejos del Toboso.
Pasaría los años siguientes intentando coger la taza con el meñique estirado, yendo a festejos con la flor y nata de su aldea y manteniéndose pálida.
Una noche murió de cordura el vecino y volvió a ser Aldonza.
Ella misma mató un puerco, lo asó e hizo banquete con los labriegos.

AsiaCs

Intentaba ralentizar su respiración, estaba bañada en sudor, una sensación de placer invadía su cuerpo, se recostó en la cama y se recreó en las sensaciones del momento; qué más daba perder unos minutos más en aquella habitación. Giró la cabeza a la izquierda y observó aquel hermoso cuerpo tendido tan cerca del suyo.
Era perfectamente estético, tenía las proporciones adecuadas, un lindo color de piel y una cara bellísima, unos ojos en los que cualquiera se perdería, exactamente igual que ella lo había hecho unas semanas atrás.
De pronto el placer fue sustituido por algo más, preocupación tal vez, era hora de irse, no tardarían en buscarla. Se levantó de la cama y vio ese cuerpo inmóvil, era una lástima ciertamente, pero la vida no siempre era justa. Tomó sus cosas y salió del apartamento, dejando atrás cualquier remordimiento, dejando atrás una relación fallida y sin más, un cadáver. Quedándose con lo que fue  y no volvería a ser.

Rullfdez

Y la luna le decía al poeta: ¿Por qué me miras y te inspiras en mi? ¿Es que no hay alguna humana que sea más interesante que yo?

DonCine

—¿Qué quieres de mí?
—Que seas tú mismo. Mira, hijo, la culpabilidad es un pesado saco de piedras. Tienes que librarte de él cuanto antes. Sé cómo te sientes, yo también he pasado por eso antes. ¿Por qué tienes que cargar con ese peso? ¿Por Dios? Está bien, te daré información de primera mano acerca de Dios. A Dios le gusta observar, es un bromista, piénsalo: dota al hombre de instintos, os da esta extraordinaria virtud, ¿y qué hace luego? Los utiliza para pasárselo en grande, para reírse de vosotros al ver cómo quebrantáis las reglas. Él dispone las reglas y el tablero, y es un auténtico tramposo: mira, pero no toques; toca, pero no pruebes; prueba, pero no saborees. Y mientras os lleva como marionetas de un lado a otro, ¿qué hace él? ¡Se descojona! ¡Se parte el culo de risa! Es un payaso, es un sádico, ¡es el peor casero del mundo!

Malapata

"...por desgracia, la vida la hacemos siempre en borrador. Un escritor puede rehacer algo imperfecto o tirarlo a la basura. La vida, no: lo que se ha vivido no hay forma de arreglarlo, ni de limpiarlo, ni de tirarlo."

Ernesto Sábato en "Sobre héroes y tumbas".

girado

Se fue.

Se esfumó.

Y las sábanas no eran tan suaves.
Y hacía más frío por la noche.
Y el sofá no era tan cómodo.
Ni las series tan entretenidas.

Y volvió la inocencia de aquellas primeras llamadas telefónicas.

girado

Así, casi sin avisar, se presentó. Habíamos creado una vida. Nuestro hijo.

Le dimos nombre, le llevamos a casa, le enseñamos a comer y le acompañamos mientras trataba de dormir.

Al día siguiente, tras muchos lloros y muchas ojeras, casi sin darnos cuenta, ya estaba durmiendo a sus horas. Y prácticamente comía solo.

Y otro día más sirvió para que pasase de escuchar a leernos a nosotros los cuentos. Se convertía en príncipe, en cerdito, en mago. Y empezó el cole.

Ese día, cuando volvió del cole, trajo las notas de acceso a la universidad. Menuda celebración. Esa misma noche hizo la maleta, se independizó y empezó su trabajo con el que se pagaba parte de la universidad. Nosotros no podíamos con todo.

Y de un día para otro ya tenía 20 empleados en su pequeña empresa. Eso fue ayer.

Y hoy, ya jubilados, miramos orgullosos eso que hemos creado. Y parece que nació hace apenas 4 días...

Rodari

—¿Cuánto pesa una lágrima?
—Depende: la de un niño caprichoso
pesa menos que el viento,
pero la de un niño hambriento
más que toda la tierra.

Joelske

Se cuestionaba la existencia del dios. Del suyo, del musulmán; del judío, incluso los del enorme panteón griego. De todos los dioses de la humanidad.

Entonces comprendió que el hombre había creado a Dios a su imagen y semejanza, no a la inversa; y que el cosmos era infinitamente superior a la idea de un ser invisible y poderoso, pero con pasiones humanas.

Y sólo entonces supo, que su mundo estaba dentro de otro y este en el interior de uno mayor, que a su vez existía dentro de un grano de arena, en la orilla infinita de un océano cósmico...

Lupaleco

Estiró su mano: al frente, su objetivo; detrás, él mismo. Era una batalla latente, repetida todas las mañanas hasta la tortura. ¿Quién ganaría esta vez?
Otra respiración forzada ―cual ejercicio de yoga― validó el avance de su frente: unos centímetros más y ganaría. Entre el tumulto, un rozar de sábanas se evidenció, apuñalando su respiración y tensando todos sus músculos. Con agilidad gatuna, lo tomó en su palma y presionó los controles que vencían al oponente, le silenciaban.
Suspiró de alivio: la alarma no había despertado a sus padres.

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