Rullfdez

Yo sólo pido una cosa, y es que pintes mi vida del color que tu quieras y que te quedes en ella desde hoy y hasta siempre.- ♥

Rullfdez

—¿Como se mide el amor? me preguntó mirándome a los ojos timidamente. Hubo un silencio enorme mientras nuestras miradas chocaban cortando el aire que cruzaba, ella humedecía sus labios mientras yo respondía.
—El amor se mide con cada latido del corazón, mientras más rápido vaya más enamorado estás.
Entonces, hubo otro silencio. Ya nadie hablaba, sólo las miradas. Podía escuchar mi corazón latir mientras la brisa movía su pelo, yo sentado en el banco donde solíamos hablar y ella a mi lado. Las palabras sobraban, las ganas también. Mis manos sudaban, ella no dejaba de mirarme, yo simplemente me enamoraba más. Con un simple moviento de su mano, quitó el mechón de cabello que tapaba parte de su cara y yo sin saber que hacer le abracé. Esa noche nuestros labios se secaron con la brisa y nunca se besaron, pero un abrazo rompió el silencio y un Te Amo hizo historia.-

Malapata

"...por desgracia, la vida la hacemos siempre en borrador. Un escritor puede rehacer algo imperfecto o tirarlo a la basura. La vida, no: lo que se ha vivido no hay forma de arreglarlo, ni de limpiarlo, ni de tirarlo."

Ernesto Sábato en "Sobre héroes y tumbas".

diegogallardo

Lo desproporcionadamente contrarrevolucionario de la anticonstitucionalidad es la institucionalización de la incomprehensibilidad, cuya hipercaracterización se extraterritorializa con la internacionalización de la invisibilización y la desmovilización. Tan indiscutiblemente inobjetable como que la hipercolesterolemia aparece del ciclopentanoperhidrofenantreno, la equisatisfactibilidad de las dos universalidades que experimentamos es precisamente insatisfactoria. La sobresaturación de contrainformaciones, retroalimentaciones, mendacidades constantemente externalizadas sobre una universalidad paupérrima desde aquella otra ostentosamente acomodaticia, resulta no desacostumbradamente consuetudinaria, pero subestímase la potencialidad de las ciudadanías significativamente doblegadas como paralelepídos, y de repente unas aparentemente impertérritas muchedumbres dan pronunciamiento, insubordinadamente, lícitamente, desvergonzadamente, categóricamente. Y categorizadamente encasillan sus levantamientos, evitando empoderamientos, impermeabilizándose despreciativamente, metamorfoseando su mercantilización, recodificándoselas, reconfigurándoselas, reescribiéndoselas, no desenmascaradamente todavía. Sobreabundantemente descomplementando unificaciones indeseables, sobreescribiéndoselas instrumentalizando interdisciplinariedades y talentos espontáneos para sus usufructos intergubernamentales, interinstitucionales, interdepartamentales, buscando indestructibilidades, por analogía, arquitectónicamente constantinopolitanas. Pero ni Constantinopla ni otros emporios pueden desmultiplicar la extraordinariamente intergeneracional reconceptualización de los resurgimientos, más inteligentemente reorganizados, revolucionariamente, pacíficamente, más unidireccionalmente esquematizados. Descompasadamente intentan refrenarlo, pero colectivizadamente desadormecerán.

HinataWeasley

...y no soy de esas personas que anuncian en las redes cuando ha escrito algo nuevo. Digo que a veces me enorgullece, pero al instante la ilusión se desinfla como un globo. Lo que escribo es siempre un montón de mierda enrollada y sé que no puedo cambiar eso. "Escritor" me parece algo para personas inteligentes. Por no mencionar que la poesía gusta mucho más en estos días que unos relatos mediocres, y yo no hago poesía. Escribí dos poemas cuando tenía trece años y aun no puedo afirmar que eso tenga belleza alguna. La poesía en general me rehúye o yo le rehúyo a ella, nunca la entiendo porque soy corta de luces. Pero me gusta Pablo Neruda. Y esa canción llamada Patria. Y la verdad no sabía explicar por qué, si nunca he podido entender a las personas que aman a su país. Yo habría nacido en una islita del Pacífico si el nacimiento fuese cuestión de elegir.

girado

Tic. Tac.
El tiempo avanza, miras la hora.
Tic. Tac.
No quieres, no piensas, tratas de distraerte. Pero los ojos te traicionan, miran las agujas de nuevo.
Tic. Tac.
Anochece. Miras por la ventana. Tratas de disfrutar del momento. Pero... ¿qué hora será?
Tic. Tac.
Sabes que has quedado. Luego, más tarde. Pero ¿cuánto queda exactamente?
Tic. Tac.
Estás sin reloj. Vas nervioso. Movimiento automático: sacar el móvil, mirar la hora.
Tic. Tac.
Pasas una tarde maravillosa con esa persona. Parece que nunca acabará. Pero lo hará, tienes que coger el autobús. ¿Qué hora es?
Tic. Tac.
Hasta cuando te llega tu hora. Estás postrado en la cama. Sabes que cualquier suspiro será el último. Y preguntas... ¿qué hora es?
Tic. Tac.
(No puedes morirte sin saber a qué hora lo haces).
Tic.

Borges

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que el hombre sabe para siempre quién es.

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