Rullfdez

El mono que está en el camino con el tutú rosado me mira mal, dijo el joven pasado de alcohol mientras tambaleaba sobre sus piernas.
Aquella noche fue increíble, él tenía los mejores amigos, aquellos que siempre estaban con él en las buenas y en las malas. Esa noche fue increíble, fueron a 6 discos y bailaron, él seguía viendo aquel mono con tutú rosa, sus amigos lo recostaban en sus hombros turnándose. Esa noche fue increíble, los policías se acercaban y el veía borroso a los amigos correr y abandonarle. Esa noche fue increíble, los policías le retorcían los brazos para ponerle las esposas y lo metían a la fuerza al vehículo, mientras sus amigos seguían corriendo. Esa noche fue increíble, mientras se sentaba en su propio vómito los policías le golpeaban e insultaban, lo despojaron de aquella bolsita de sustancia desconocida entonces lloroso dijo a los policías: Esta noche es terrible.-

Rullfdez

Como cada día caminé algo despistado hacía la parada del metro, esperé un rato y abordé. Mis oídos llenos de música, mis ojos directo a la pantalla del móvil, mi mente en otro planeta. Dormité como cada mañana en el asiento duro y frío de aquél transporte. La música se detuvo, entreabrí un ojo y miré hacía mi pierda izquierda donde yo creía a ver dejado el móvil ¡Ya no estaba! Podía escuchar las personas hablar, el metro rugir, veía rostros, expresiones, gestos pero no mi celular. Algún pillo lo tomó mientras yo dormía y nadie lo impidió. Pero aún con la ira y mis ojos llorosos no podía ignorar lo que escuchaba, la vida misma me hablaba, no un sonido digital que pasaba por mis audífonos los cuales aún estaban pegados a mis oídos. Con el plug de audio en mis manos salí del metro y respiré, ese día empecé a conocer el mundo.-

Rullfdez

Esa mañana era tan diferente a las demás, empezando porque no había despertado en su casa. Estaba entre árboles y hojas, no muy lejos podía escuchar unos gritos y sirenas. Corría pero no sentía el suelo bajo sus pies, la brisa no era fresca, el sol no era tibio, su cuerpo era extraño. Llegó y se acercó preguntando, todos le ignoraban como si nadie hablase. En la calle yacía un cuerpo el cual le era conocido, pero lo ignoró. Entre el comentar de las personas ella se sentía sólo como un fantasma, como si no estuviese, empezó a comprender, sin embargo, era una sensación relajante. Seguía caminando conscientemente de que ya no sentiría el sol, ni la brisa ni el suelo frío y áspero bajo sus pies. Esa mañana fue diferente,  esa mañana fue la última.-

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