Rullfdez

—¿Como se mide el amor? me preguntó mirándome a los ojos timidamente. Hubo un silencio enorme mientras nuestras miradas chocaban cortando el aire que cruzaba, ella humedecía sus labios mientras yo respondía.
—El amor se mide con cada latido del corazón, mientras más rápido vaya más enamorado estás.
Entonces, hubo otro silencio. Ya nadie hablaba, sólo las miradas. Podía escuchar mi corazón latir mientras la brisa movía su pelo, yo sentado en el banco donde solíamos hablar y ella a mi lado. Las palabras sobraban, las ganas también. Mis manos sudaban, ella no dejaba de mirarme, yo simplemente me enamoraba más. Con un simple moviento de su mano, quitó el mechón de cabello que tapaba parte de su cara y yo sin saber que hacer le abracé. Esa noche nuestros labios se secaron con la brisa y nunca se besaron, pero un abrazo rompió el silencio y un Te Amo hizo historia.-

Rullfdez

No sé como ni cuando, sólo se que por un error se fue.
No sé como ni cuando, sólo se que fallé.
No sé como ni cuando, sólo recuerdo que la destrocé.
No sé como ni cuando, sólo pienso en como la traté.
No sé como ni cuando, sólo sé que de mi la alejé.
No sé como ni cuando, sólo sé que mi vida se fue.
No sé como ni cuando, pero no sé como resistiré.
No sé como ni cuando, sólo se que no la olvidaré.
No sé, sólo no sé.-

Rullfdez

—¿Qué se siente cuando no se siente nada? le pregunté a mi reflejo en el espejo el cual me mira y sabe de lo que pienso, siento y quiero. En silencio me mira a los ojos cuando le hablo, en silencio me mira sin juzgarme. Siento que es alguien cercano a mi que me dice las verdades que necesito saber, alguien que me quiere a pesar de todo y que sabe exactamente como me siento. Cada día con él converso de las situaciones de la vida, que irónico que encuentre más comodidad hablando con él que con cualquier otra persona con voluntad propia. Me he preguntado varias veces que me diría si me pudiese responder a mi pregunta, pero verlo ahí cada día me ha hecho saber la respuesta... Nada!

Rullfdez

Oh ella, tan bella. La podríamos comparar con la diosa Afrodita.
o tal vez con Psique de la mitología, que alegría.
Quizá una estrella que cayó por no tener trazada una vía,
y en terreno abrupto se encontró solitaria un día.
Te veía a diario, yo escondido detrás de mis libros del colegio,
sabía tu nombre, tu apodo, tu color y comida favorita, te conocía mejor que a mí mismo. Sin que te dieras cuenta olía tu pelo, parecía loco pero, eso me hacía feliz. Tu hablabas con otros yo escuchaba y te respondía a lo lejos, Oh mi diosa de pelo negro y ojos tiernos. Dicen que el amor soporta todo, esta era mi teoría… pero aquel día…Detrás de aquel framboyán te encontrabas y los labios de aquél hombres besabas, mi mente confusa y mi corazón destruido intentaron comprender aquello, aquello que sin duda era bello, pero sólo para ellos.

Rullfdez

Érase una vez un niño y un maniático iban caminando solos por el bosque, cada vez que los minutos pasaban mas se oscurecía y mas denso se volvía el lugar, cada vez la profundidad era mayor.
—Que miedo da esto aquí, dijo el niño, a lo que el maniático respondió: Y eso que vamos los dos, imagínate yo que tengo que volver solo.-

Rullfdez

¿Saben que? Nunca aprendí a cocinar, aunque amo la comida. No viajé a otros países, tampoco tuve una novia ¡Pero que eso quede entre nosotros! si, ya sé que los 25 años es poco creíble, creo que desperdicie mucho tiempo de mi vida, pero lo que más lamento es no haber dedicado más tiempo a buscar de aquel que un día me dio la dicha de vivir, Dios nunca tuvo un lugar en mi y ahora me arrepiento. Sí ya sé que nadie puede escucharme pero aún así me alegra poder decirles todo esto.
Pero ahora sólo les pido un favor, que estas personas no duren mucho aquí porque quiero descansar y la puerta de este ataúd ya tengo que cerrar.-

Rullfdez

Y la luna le decía al poeta: ¿Por qué me miras y te inspiras en mi? ¿Es que no hay alguna humana que sea más interesante que yo?

Rullfdez

Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost, dijo el piloto del avión en aquella noche sin estrellas, y sin esperanzas. Recordaba las palabras de su esposa mientras escuchaba su interior romperse de remordimiento. Aquella noche no era diferente para el copiloto quien aburrido hablaba temas incoherentes, en la mente de aquel piloto flasheaban imágenes de su esposa muriendo en sus brazos. “¿Qué haces amor? Me haces daño” la escuchaba una y otra vez en la silenciosa cabina donde sólo se escuchaba hablar al copiloto. Le era casi imposible manejar, pensar e intentar no llorar. Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost, dijo aquel piloto en el vuelo número 403 en una noche sin estrellas, y sin esperanzas.

Rullfdez

El mono que está en el camino con el tutú rosado me mira mal, dijo el joven pasado de alcohol mientras tambaleaba sobre sus piernas.
Aquella noche fue increíble, él tenía los mejores amigos, aquellos que siempre estaban con él en las buenas y en las malas. Esa noche fue increíble, fueron a 6 discos y bailaron, él seguía viendo aquel mono con tutú rosa, sus amigos lo recostaban en sus hombros turnándose. Esa noche fue increíble, los policías se acercaban y el veía borroso a los amigos correr y abandonarle. Esa noche fue increíble, los policías le retorcían los brazos para ponerle las esposas y lo metían a la fuerza al vehículo, mientras sus amigos seguían corriendo. Esa noche fue increíble, mientras se sentaba en su propio vómito los policías le golpeaban e insultaban, lo despojaron de aquella bolsita de sustancia desconocida entonces lloroso dijo a los policías: Esta noche es terrible.-

Rullfdez

Como cada día caminé algo despistado hacía la parada del metro, esperé un rato y abordé. Mis oídos llenos de música, mis ojos directo a la pantalla del móvil, mi mente en otro planeta. Dormité como cada mañana en el asiento duro y frío de aquél transporte. La música se detuvo, entreabrí un ojo y miré hacía mi pierda izquierda donde yo creía a ver dejado el móvil ¡Ya no estaba! Podía escuchar las personas hablar, el metro rugir, veía rostros, expresiones, gestos pero no mi celular. Algún pillo lo tomó mientras yo dormía y nadie lo impidió. Pero aún con la ira y mis ojos llorosos no podía ignorar lo que escuchaba, la vida misma me hablaba, no un sonido digital que pasaba por mis audífonos los cuales aún estaban pegados a mis oídos. Con el plug de audio en mis manos salí del metro y respiré, ese día empecé a conocer el mundo.-

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