Rullfdez

Como cada día caminé algo despistado hacía la parada del metro, esperé un rato y abordé. Mis oídos llenos de música, mis ojos directo a la pantalla del móvil, mi mente en otro planeta. Dormité como cada mañana en el asiento duro y frío de aquél transporte. La música se detuvo, entreabrí un ojo y miré hacía mi pierda izquierda donde yo creía a ver dejado el móvil ¡Ya no estaba! Podía escuchar las personas hablar, el metro rugir, veía rostros, expresiones, gestos pero no mi celular. Algún pillo lo tomó mientras yo dormía y nadie lo impidió. Pero aún con la ira y mis ojos llorosos no podía ignorar lo que escuchaba, la vida misma me hablaba, no un sonido digital que pasaba por mis audífonos los cuales aún estaban pegados a mis oídos. Con el plug de audio en mis manos salí del metro y respiré, ese día empecé a conocer el mundo.-

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