abermejillo

Cafetería Lyon, reducto de domingo, Madrid chocolatosa y otoñal, te ama. Yo te amo. Profundamente. Con tus abuelitos, tus sofás de escay verde, tus mesas marmolosas y tu hipnótico chocolate a la taza.

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—Doctor, necesito drogas.
—¿Cómo dice?
—Cocaína, heroína... taurina al menos, melatonina... tal vez algo natural, ginseng, jalea real, sauzgatillo, lo que usted considere...
—Pero drogas, lo que se dice drogas, si está amamantando, no puede tomar. Tampoco le recomiendo las hierbas... Ni siquiera debería pasarse con la cafeína ¿o quiere que le salgan sus hijos hiperactivos?
—Se lo imploro, deme algo, un Redbull, una Viagra...
—Pero ¿es para tanto?
—No me quiero quejar, doctor, pero de verdad afrontaría con mayor compostura mi millonésima interpretación de la canción de Pocahontas (remixada con los grandes éxitos de mi infancia) con algún vigorizante. Eso o injérteme otro par de brazos...

Y así fue. La verdad me vienen estupendos, salen del esternón, y aunque tengo un inquietante aire a un insecto, o a una versión maternal de Gregorio Samsa, a mis mellizos les encantan...

abermejillo

Mmmmm, la teta, la teta tan calentita y llena de leche... pero ¿qué es esto? la teta tiene dedos que me acarician suavemente la mejilla y la oreja y que dibujan, con mucho cuidado, mis cejas casi calvitas, aún sin terminar. La teta tiene un pulgar que hace círculos, despacio, despacio, a cámara lenta, en mi entrecejo. ¡qué gustito!
Y la teta tiene besos, un montón de besos delicados en mi frente.
Mmmm, ¡qué sueño! Se me cierran los ojos, pero no, dame un segundo, sueño, quiero mirarla... a ver hasta dónde llega la teta por ahí arriba...
uh ¿qué es esto? la teta también tiene ojos, muy brillantes, como si se fuera a poner a llorar ¿está triste la teta o muy feliz? Y los besos ahora son labios y me dicen algo, bajito: "hola, bebé, soy mamá" ¡qué cosas tiene la teta ésta! yo me duermo, pero voy a regalarle una sonrisa...

abermejillo

Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost. Demasiados vuelos low-cost para un destino de mierda. Demasiada mierda, demasiada. Demasiada mierda encima como para no perder la razón. Por eso voy a hacerlo.

Igual no es mi culpa, después de todo. Es culpa de las putas aerolíneas, de las ofertas de los cojones y de los “quiero y no puedo” de este puñado de capullos ¿a quién se le ocurre el madrugón para volar a esta cagada de ciudad? Se lo merecen. Más asientos vacíos va a haber en cuanto empiece la fiesta. Me importa un huevo acabar mis días en una jodida cárcel de Lapeenranta.

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