sergioalarcon97

Tenemos la necesidad paupérrima, apoteósica, visceral, de consumir el preludio a como dé lugar. ¿Es tan necesario fragmentar la labor del tiempo por el instinto de un deseo?

El verdadero punto de quiebre, está en no identificar la intención; y es ahí donde se entra en el conflicto del adelanto: 'Me precipito, después aniquilo la primera impresión'.

Jamás se sobrevive a esa estampida.
[no sin antes pasar a los planos del fondo.]

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La venidera sensatez con la que el león mantiene su postura, es la misma a la que Zeus le otorgó a Poseidón en los mares; de aquí viene la premisa de ser mortales, ni poseedores de mares, ni depredadores salvajes. Somos y no somos, y estamos atentos en nuestra ausencia a que nos otorguen un lugar que no nos pertenece; la gran desventaja es el cortejo híbrido que existe entre el celibato y el hedonico poder de existir, porque asimilamos lo que nos obliga y lo soportamos adheridos a la idea de querer devorarlo todo.

Yo que he sido piedra y he tenido manos, mantengo invidente al tugurio; ni vida, ni espacio, ni alba, ni tiempo; degradado como el hormigón, en cenizas.
Aquí no llega el sol, ni tampoco el león se impone.

sergioalarcon97

Al átomo no lo descubrieron pequeño, para ser insignificante, sino para ser eterno. Y mírate a ti, ahora que eres gigante, orgulloso como el Coloso de Rodas, que no te petrifique el tiempo; estás hecho de átomos, también puedes ser eterno...

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¿Cuántas toxinas alcanza a acumular un cuerpo vivo? ¿Cuál es el límite? -Me lo he preguntado todo este tiempo.-
Cuán imberbes son los ánimos de trascender teniendo vacíos... -Y quedar atrapado en un tres.- (Así podría iniciar alguna tragedia griega.)  Hay más dentro de nosotros, que excavar sería no terminar nunca. Y detrás de todo ello está lo poco que no decimos tener. Es un vaivén de aristas, todo angular y reprimente. Creo que sacarle tanto filo, al fin, ha llegado a cortarme cada víscera. Finalmente el espacio es sideral, yo me consumo y otros viven igual.
¡Qué forma de hacernos torbellino!, si no hay nada qué hacer, todo está perdido. Al igual que todo, en la boca están los males.
-Mal es el hombre siempre que calla frente a un veneno.-, afirmé finalmente.

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Empieza la jauría, el rugido domador,
De la niebla que cae al fondo,
El mundo bocabajo,
Sosteniendo el báculo,
Y al terminar, un tropel de ninfas
Con su llanto destructor.

La mar de estrellas tirada en el cielo,
Como la menarquia de la virgen,
A esa, de las manos de bochica,
Que gimiendo dolor, le nacen flores.

Esa llena de preñeces, de eclipses,
La que se desgarra sublime
Sacándole vísceras al suelo
Ululando hacia el fondo, como diciendo:
"Aquí me degrado para ustedes,
Mañana no me verán,
Naceré al día siguiente."

La que desaparece y vuelve,
Rodando por el mundo cabizbajo,
A la que le brota agua del vientre,
La que mena panacea, al ombligo
Gruñendo en su órbita, al mundano.

Empieza la jauría, el rugido domador,
De la niebla que cae al fondo (...)

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Aún,
[Creo que] cuando me mira,
todos los huracanes que poseo en mi interior,
empiezan a acechar con mis órganos.

Son las alas de las mariposas en mi estómago.

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¡Oh, dimensión fascinante!,
Oculta todo lo inexistente,
Viajando por los planetas,
Siendo víscera o materia.

Liga los infiernos, como el interior de Mercurio,
Ata el fuego de lujuria, como la rosa Venus,
Quédate adentro, al abismo de la Tierra,
Sé fuego y guerra, martirio de Marte.
Otorga gigantismo de Júpiter y Bermejo,
Enciérrame en tus círculos, anillos eternos de Saturno,
Enfría mi hiel, como Poseidón en Urano,
Haz llover diamantes, erosiona polvo, congela ojos, sé Neptuno, Afrodita o Cronos.

Compone un aria,
hazte cielo,
conjuga nervios,
forma jaulas,
crea adverbios,
dibuja círculos,
penetra en órbitas,
eclosiona asteroides,
adhiere lo fugaz,
vuelve a pretérito,
gira como el huracán.

Siempre sé los anillos de Saturno, avenida de mi bálsamo, el ciclo circular del que difícil se escapa.
-Sé Saturno.-

¡Encierrame en el fondo, describiendo un cataclismo oscuro!
Como Atlas, carga el mundo,
que ardiendo en las teas, emana imponente,
describe círculos,
juega al ábaco,
-Sé Saturno.-

Astro que levita, no vuelve.

sergioalarcon97

Le había regalado dos de mis joyas: un ejemplar bien conservado de la escritora Agatha Christie: "Telón, el último caso de Poirot." Posterior a ello, obsequié una perla de la prosa en primera persona: "Dulce de por sí" de la escritora italiana Dacia Maraini, de pura artística tonal. Maravillada, como llevada por un orgasmo eclesiástico, sonrió y desapareció emperifollada de obsequios.

Al día siguiente, me alertó:
-El día de hoy, amanecí con un malestar abismal, me siento contaminada, al borde de una muerte que oscila. No valgo nada. La gripe es un mal que abunda.-

A lo que respondí, con un toque artístico:
-Debe ser la decadencia de esos versos. Tanta empatía con lo trascendental, fue lo que te marchitó -la flor se ahoga con abundante agua-. El exceso es la esencia de un mal fortuito.
Ésta quizás sea la hipótesis de tu malestar galáctico.
Tanto éxtasis, puede derrumbar la fisiología del cuerpo.-
[...]
-El exceso, al final, siempre enferma.-

sergioalarcon97

Hablemos de tus ojos,
Complejos,

En ellos están todos los secretos de las nubes, en el fondo, la esencia de los mares.
Un misterio de la eternidad, un madrigal de margaritas, una cofradía de girasoles.

Los ojos del león, de la hiena, del águila, del verano, de los metales, de las cumbres y las potencias.

Ojos que gritan, atacan y lloran, de los que apaciguan, anhelan y demandan.
Ojos asiáticos, finos, elegantes y ardientes.

Los ojos de los versos, de las retahílas, de las fábulas y de toda la literatura.

Los ojos del solfeo, del violín, del staccato y el pizzicato, del Violonchelo, de la guitarra, de la viola y la batuta.

Ojos que saben a música, a composición, a encanto, a plenitud.

Los ojos de Bochica, de Chía la luna, del sol, del día y la noche.

Los ojos que me encantan, que aún, me atrapan.

¡Qué digo ojos!,
[Más bien],
eternidades vivientes que emanan de su cráneo.

sergioalarcon97

Escóndete en tu cabello, mundana mía, en ese terciopelo filial, efervescente, del que la sombra se ahoga, y donde los mares crujen, en el fondo de tu cráneo. En esos visos, donde las lunas de júpiter nacen, se mueven y se esconden regresando; allí donde las noches son amplias y los días centenares. Entre tus sedas, de las que no escapo y el mundo se destruye a razón de tus delirios gitanos.

Ocúltate mundana, del silencio de las cuerdas, de esas explosiones cuánticas donde los fermiones y bariones son sutilezas de la física, donde no componen la materia, sino que son adherencias de tus delirios lacunares; y quédate ahí, encerrada en la nuez donde eres dueña de éste universo, del éter, de todo.

-Haz la luna vibrar, que mi corazón explota.-

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