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A ello me refiero, "La autora de los decaimientos y las explosiones". Es bastante curioso anotar lo que se descubre día a día de las personas, en una frase tan sencilla como ésta, un símil bastante anarquista y poligámico que en una connotación común, no sería más que algún prejuicio creado por un idiota al que han de llamar: "Caballero andante".

Hemos creado un lenguaje.
Un lenguaje que aparenta ser "mutuo-céntrico" y que no es más que una forma de detallarnos en excelencia, con todo lo que se tiene y lo que nos gustaría tener. Somos pequeños infinitos que caminan en las andanzas del tiempo, somos seres metamórficos y maleables:-el amor es una toxina que precede a la formación de un ser dependiente-; alguien idiotizado por las feromonas, quizás por el absurdo insto del libido, alguna especie de atracción sexual, o simplemente cariño.

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Es bastante difícil conceder una pieza de las obras, cuando no se sabe cómo continuar con la historia.-Eso sucede en estos instantes, disponemos de los pinceles intactos, pero no hay óleos, ni un lienzo donde plasmar lo que inconscientemente adicionamos: los deseos y las pasiones.-

He de insistir de manera casi sistemática en la constante diferencia que producen sus odas infernales, en los pensamientos de un escéptico como yo. He de confiar en que diferenciar entre lo que se vive y lo que se siente ha de ser una tarea ardua por conseguir una mezcla de azules y rojos, lo que no genera un cambio aparente: púrpura insípido.
Con usted es diferente; es increíble como las andanzas de un todo radicalista puede fragmentar sus esquemas con el simple allanar de los valles de la mente, nada más que una colonización de ideas, una explosión sádica de argumentos que declinan la absurda idea que se tenía sobre lo que se creía(...).

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Para,
La autora de los decaimientos y las explosiones:

Querida directriz cambiante,
Quisiera que analice la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que quiere un hombre?.
Sé que ha de ser bastante difícil dar respuesta a esta pregunta tan mal formulada, a razón del dimorfismo que oculta ésta detrás de sus anagramas; no es de fiar el evento principal, que sea del hombre o de la mujer, es cuestión simplista de la complejidad de los actores.
Si, si, sé que mis retahílas constantes, mis dicciones escritas y mis discursos tan mal planteados han de ser un cáos mental, una orgía mental (...), mi afán por rescatar el mundo de sus abismos indulgentes ha sido en vano, fracasar es cuestión de genios y aprender de ello, un caso de sabios. He de echar de menos sus curvas bocales, y sus círculos entéricos.

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Yo soy un lector apasionado.

Y me parece que solamente a través de la lectura consigo ''ver'' más allá de las imágenes que se venden día a día.

Porque la lectura es la expresión máxima del arte, el legado inmortal del hombre, los pilares de la civilización, el esquema del ser y su evolución.
Cuando conseguimos ir más allá de lo estereotipado, entonces, descubrimos que las pupilas de la persona que estamos observando están repletas de historias no relatadas, que su piel conserva el olor de la leche materna, que sus manos, aunque arrugadas, están estremecidas por el espíritu de la renovación, que su pensamiento es un laberinto gigantesco, y que en su alma oculta el secreto, de la vida eterna...

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Y que somos, simplemente polvo. Guardamos en sí un montón de escombros acumulados, un montón de cenizas, por los derrumbes del pasado. Somos hollín purificado, huellas inertes que deja el pasado, y sin más, impresiones imborrables que dejan un legado sombrío y lleno de pavor. Debemos entender que la confortabilidad brindada por la rutina es engañosa, porque la realidad está en constante cambio, por eso es necesario aprender a darnos cuenta de que hay igualdad inclusive en los legados que nos deja nuestras propias historias. Y aquello que fuimos, no es más que una forma de enfrentarnos a lo que hoy somos. El miedo más agobiante y complejo de todos, aquel que sensata la forma de convertirnos en piedra, una forma grata de decir que comenzamos a odiar aquello que amamos.
El polvo se materializa y se endurece. Es como si el amor que tanto nos hace feliz, a la vez, nos destruye.

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El carácter diabólico del instrumento consiste también en ese reiterado desafío a las estrellas, en esa pretensión de gozar a solas abrazando, en vez de otro cuerpo humano, un trozo de madera, cuya consistencia y sonoridad residen en el uso estratégico del vacío. Un vacío perfumado de resina, capaz de hacer brotar de la nada la belleza y el delirio.

¿No se trata acaso de una perversión demoníaca?

Y es el violinista quien de alguna u otra forma suele considerarse a sí mismo un semidiós, esa forma sagaz de incubar en el espectador sentimientos de sublime infamia: no hace sangrar los oídos por las notas altas, o por los bemoles repetitivos; los hace sangrar, porque ha de llegar al clímax de su preludio.
El violinista, finalmente, espera a que el viento traiga consigo, rocío del infierno (...).

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Habitualmente se asocia al violín con el demonio. Hay algo insensato e inhumano en ese restregar obsesivamente las cuerdas de metal con un arco hecho de crines de caballo. Muchos instrumentos hacen lo posible por parecerse a la voz humana. El violín no. El violín parece querer imitar el ruido de las alas de los ángeles en vuelo. O tal vez el zumbido de las colas de los diablos que se hunden en el infierno.

Alguien ha comparado el ''Joeur le violon'', como dicen los franceses, con el acto de una prolongada masturbación. Efectivamente, hay algo en el gesto rápido, solitario, repetido y obsesivo del violinista que imita el crecimiento del placer, el juego (he aquí de dónde proviene ese joeur francés) de los sentidos atrapados. Por otra parte, lo denuncia el estado físico del violinista después de un concierto: empapado en sudor, exhausto, agotado, justamente como después del clímax sexual.

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Hay un sitio, en la tierra, en el que la terraza natural se tiende sobre el vacío y después se abren las crestas sembradas de pinos y abetos. Más abajo aún se ve el verde celeste del valle atravesado por el trazado reluciente, tortuoso, de un río; allí donde la montaña se convierte en terraza de hospedar; en medio de una maraña de nubes color lila y rosa... Desde aquel saliente se lanzaban los ángeles, con sus alas color guisante, color fresa, color rosa, color ocre, color menta (...). Desde la profundidad se emanaban olores de primavera fresca, entre los dedos se movía el viento y era una sensación innata, como acariciar seda.

Estábamos allí, tu y yo, mirando fascinados esas alas de plástico que se hinchaban y tensaban los cien cables del sillín atándolo a la estructura voladora en la que flotábamos; inmersos en el tiempo, devorando el dulce ámbar del viento.

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Por favor, dejen de ser ilusos, no llamen amor a aquello que dura unos meses y luego se difumina, se va sin decir nada dejando, en ocasiones, heridas irreparables. El amor es aquello que se siente profundamente por otra persona, aún así sea en secreto, que no hay necesidad del contacto para dar a entender los deseos que oculta el alma, y que las miradas interconectadas son mejores que aquellos besos húmedos; el amar debe ser un arte, que no dure simplemente un tiempo y luego se olvide; debe ser como la arena de la playa, inclasificable, incuantificable, al parecer infinito; debe ser las cartas escritas con misterio dirigidas a una sola persona; debe ser único e irreemplazable.

sergioalarcon97

Comprendo la necesidad de escribir, es una forma maravillosa de expresar lo que es difícil: silencios ruidosos, sonidos mudos, espantos en el aire, fluidos sólidos, tentaciones capitales, pecados perdonados, pasiones impropias, sustantivos poco comunes.

Y es así como me expreso, como el arte de un prolongado orgasmo:  imagino, entonces, una ninfa de facciones esbeltas y proporciones esenias, deletreando los cantares de los ruiseñores; empleando su brazo como palanca y una pluma de mano como la extensión de su boca, adobando los lienzos o con simpleza hojas de papel, un yugo fascinante en que el escritor "hace el amor" con su inspiración; cuando acaban las sinfonías, es que la poetisa de tez blanca suelta la pluma, porque le ha abandonado su musa.

Espero al viento, trayendo con él nuevamente algún instante de perdición amorosa, para que así pueda nuevamente deleitarse con mis escritos baratos, que le fascinan tanto.

-"Lasciare il vostro bigottismo vi donna"-

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