sergioalarcon97

Se había transformado en una semi-diosa incipiente.
Su forma de vivir, le acercaba a los límites de la perdición terrenal. Un elixir de ataduras insurgentes habían esclavizado sus bases; le engañarían los deseos y las tentaciones.

Era señora de las perversiones mundanas. En sus ojos se destacaba la lujuria de la eternidad, sus labios exacerbaban la idea del pecado carnal y sus manos constipaban el claustro del devenir de los ocasos.

En la oscuridad, obstinada del mal del mundo, como si su cuerpo fuese una de tantas cajas de Pandora andantes; anhelando el vaho de sus deseos, sujetando en su cuello una daga de vestigios dorados y rocío de diamantes, con el toque de una rosa polar y el trasluz de un manantial infernal (...), sus ríos rojos ataviaban sus ropajes esbozando una excelsitud marginal; impregnada de un bermejo envolvente, un escarlata indecente, con sus sedas de candil carmesí; duerme ella tranquila, en su mundo de impudicia obscenidad. Lascivia vulgar.

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