sergioalarcon97

Poseía el mundo distorsionado de Burgess en la palma de mi mano, una suculenta pieza literaria de alguna biblioteca pública, un maravilloso ejemplar fraterno del legado de babel.

¡Joroschó!, una portada incandescente negro-naranja, que trataba de simular la disputa y discordancia entre lo puro y lo oscuro, brindando el primer contexto visual a lo que podría acontecer en medio del despelote percudido de las hojas con borde carbón. La caligrafía impecablemente digital, de perfecta definición y legibilidad; más allá de la apariencia externa y del primer vistazo, la verdad de la obra se escondía entre las líneas escritas cuidadosamente para ser analizadas y traducidas a la vez. Un material infinitamente exquisito, en adición de su sutil utopía y 'distopía' casi, accidentales.

Pero lo que marca este 'tiple' e hito literario con pértigas de oro y bálsamo de perlas escarlatas, es ese fenomenal título al que cualquier prototipo de lector con 'mal-gusto' ha escuchado: La Naranja Mecánica.

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