sergioalarcon97

Empieza la jauría, el rugido domador,
De la niebla que cae al fondo,
El mundo bocabajo,
Sosteniendo el báculo,
Y al terminar, un tropel de ninfas
Con su llanto destructor.

La mar de estrellas tirada en el cielo,
Como la menarquia de la virgen,
A esa, de las manos de bochica,
Que gimiendo dolor, le nacen flores.

Esa llena de preñeces, de eclipses,
La que se desgarra sublime
Sacándole vísceras al suelo
Ululando hacia el fondo, como diciendo:
"Aquí me degrado para ustedes,
Mañana no me verán,
Naceré al día siguiente."

La que desaparece y vuelve,
Rodando por el mundo cabizbajo,
A la que le brota agua del vientre,
La que mena panacea, al ombligo
Gruñendo en su órbita, al mundano.

Empieza la jauría, el rugido domador,
De la niebla que cae al fondo (...)

sergioalarcon97

Comprendo la necesidad de escribir, es una forma maravillosa de expresar lo que es difícil: silencios ruidosos, sonidos mudos, espantos en el aire, fluidos sólidos, tentaciones capitales, pecados perdonados, pasiones impropias, sustantivos poco comunes.

Y es así como me expreso, como el arte de un prolongado orgasmo:  imagino, entonces, una ninfa de facciones esbeltas y proporciones esenias, deletreando los cantares de los ruiseñores; empleando su brazo como palanca y una pluma de mano como la extensión de su boca, adobando los lienzos o con simpleza hojas de papel, un yugo fascinante en que el escritor "hace el amor" con su inspiración; cuando acaban las sinfonías, es que la poetisa de tez blanca suelta la pluma, porque le ha abandonado su musa.

Espero al viento, trayendo con él nuevamente algún instante de perdición amorosa, para que así pueda nuevamente deleitarse con mis escritos baratos, que le fascinan tanto.

-"Lasciare il vostro bigottismo vi donna"-

sergioalarcon97

Querida travesía cósmica:

Le escribo, desde aquí, desde mi lecho inerte, a veces dulcemente ambientado por el humo del incienso que en ocasiones enciendo; otras veces, simplemente el mal trecho de las luces fundidas; inclusive, los colores planos de las paredes. Algunas veces, observo a través de la ventana de mi habitación sin tono, las avecillas posándose entre los ramilletes adosados de las rosaledas parásitas, enredaderas de aromas que atraen los olfatos de los cortesanos; aquellas plumas de distintos colores embriagando mi visión con sus psicodélicas ilusiones; me bastan los accesos de la mente para hacer alusión a la memoria de las cosas agradables. Los constantes movimientos prófugos que algunas veces se escapan de los andares fantasiosos, un éter que atrae, dopa mis atardeceres y vibra entre los ramilletes adosados; y continúo observando aquellas avecillas, esperando a que sus picos devoren mis fantasías, como una tarea ardua, desesperada por enternecer las epopeyas medievales e incrédulamente, adornar los infiernos de Dante.

sergioalarcon97

(...)
Y es entonces, cuando escribo, cuando la inspiración consternada y encantadora de las simplicidades se mezclan con la grandeza de un todo imaginario, un sacrilegio magno, un hábito constante, un narcótico tóxico y adictivo.
Hago el espléndido uso de remitirme a las épocas de las artes magnas, donde los hombres de verdadera importancia deletreaban lo bello como una monarquía intacta; allí, es cuando mis analogías surgen, son esteras que crecen inconformes e inestables;
¡Caos!, impredecible y hermoso,
la verdad de la historia, engendrada como árboles sedientos de los pensamientos, de las letras, de los retratos, inclusive, de los amoríos fanáticos, de la historia y la idea embaucadora de la memoria.
Plácidamente, con un café en mi mano, y entre sábanas de hilo ardiente de inspiración, escribiéndole nuevamente, trato de embriagarme de las miles de fantasías y relatos que he creado...

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