sergioalarcon97

Le había regalado dos de mis joyas: un ejemplar bien conservado de la escritora Agatha Christie: "Telón, el último caso de Poirot." Posterior a ello, obsequié una perla de la prosa en primera persona: "Dulce de por sí" de la escritora italiana Dacia Maraini, de pura artística tonal. Maravillada, como llevada por un orgasmo eclesiástico, sonrió y desapareció emperifollada de obsequios.

Al día siguiente, me alertó:
-El día de hoy, amanecí con un malestar abismal, me siento contaminada, al borde de una muerte que oscila. No valgo nada. La gripe es un mal que abunda.-

A lo que respondí, con un toque artístico:
-Debe ser la decadencia de esos versos. Tanta empatía con lo trascendental, fue lo que te marchitó -la flor se ahoga con abundante agua-. El exceso es la esencia de un mal fortuito.
Ésta quizás sea la hipótesis de tu malestar galáctico.
Tanto éxtasis, puede derrumbar la fisiología del cuerpo.-
[...]
-El exceso, al final, siempre enferma.-

sergioalarcon97

Hablemos de tus ojos,
Complejos,

En ellos están todos los secretos de las nubes, en el fondo, la esencia de los mares.
Un misterio de la eternidad, un madrigal de margaritas, una cofradía de girasoles.

Los ojos del león, de la hiena, del águila, del verano, de los metales, de las cumbres y las potencias.

Ojos que gritan, atacan y lloran, de los que apaciguan, anhelan y demandan.
Ojos asiáticos, finos, elegantes y ardientes.

Los ojos de los versos, de las retahílas, de las fábulas y de toda la literatura.

Los ojos del solfeo, del violín, del staccato y el pizzicato, del Violonchelo, de la guitarra, de la viola y la batuta.

Ojos que saben a música, a composición, a encanto, a plenitud.

Los ojos de Bochica, de Chía la luna, del sol, del día y la noche.

Los ojos que me encantan, que aún, me atrapan.

¡Qué digo ojos!,
[Más bien],
eternidades vivientes que emanan de su cráneo.

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Cada vez que un solsticio ocurre, ya sea en invierno o en verano, siempre habrá la misma sequía.
Los equinoccios, ya ni impresionan a la noche, y los meridianos, ya no enmarcan dimensiones.

Ni el límite, ni el borde, ni la frontera, te conocen.
Antropófago, que lo devoras todo, tan gigante y perverso, tan letal e incierto.
Interno a mí, adherido a ti; sin poder irme,  sin olvidarte, sin tenerte, ni observarte.

Así como los rayos del sol, no llegan ni a la cabeza de la hormiga,
Así mis manos, ya no te sienten con los versos de tu geografía.

El Ecuador tan distante, Capricornio a un instante.

Y, ¿qué será que ya no vienes?
Y, ¿qué será que ya no vienes?

Espero verte en otro eclipse, en otra órbita, en otro espacio, en otro tiempo, dando la vuelta al universo.

Árido, inerte, presente,
[Esperando aquí, que regreses a mí].

-"Como un cometa, danzando en medio de un huracán."-

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No existe nada en el mundo que dure una eternidad,
hasta el sol pierde su brillo.
Algo de lo que no podemos escapar es de la incertidumbre amenazante, ésa es la esencia de todo nuestro decaimiento.

Si algo ha de estar bien, no se controla. Si algo ha de estar mal, desaparece.

Así es todo en la vida.
Descubrimos, entonces, que hasta las cumbres inician y finalizan en declive.
Y que en el nadir del vasto paisaje, en el último rayo de sol, ese único ser a quien veneras, incluso se puede transformar, en todo el vacío del mundo.

El exitus letalis, ese malestar sin fondo, no es más que el eterno retorno de ese recuerdo al que nos aferramos.

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Se miraba al espejo mientras repetía: -"El hombre es un animal de costumbres."-

Ya había oscurecido, y era bastante inquietante tratar de persuadirlo, se trataba de alguna especie de ser escéptico sin indicio alguno de fe; simplemente: si su mente no podía explicarlo, sus ojos no podían verlo.
Su racionalismo innato, impactaba. Tenía prestigio, pero no poder. Sus palabras siempre eran un bálsamo para los atormentados, sin embargo, lo cuestionaba todo.
Y vivía así, aunque no lo considerase monotonía: una retahíla cruel y zalamera. No creía en dioses, ni seguía órdenes; era un estereotipo bastante modificado del "superhombre" de Nietzsche.

-"El mundo está viejo. Déjalo morir."-, se decía a sí mismo, como si nadie más pudiera darle respuesta. Lo cierto es que su raciocinio le había hecho psicológicamente superior a los demás especímenes del mundo.
Veía a la realidad, no como una atadura, sino como un regalo para entender el oscurantismo del hombre.

"Todos somos rameras mentales.", afirmaba.

sergioalarcon97

Yo soy un lector apasionado.

Y me parece que solamente a través de la lectura consigo ''ver'' más allá de las imágenes que se venden día a día.

Porque la lectura es la expresión máxima del arte, el legado inmortal del hombre, los pilares de la civilización, el esquema del ser y su evolución.
Cuando conseguimos ir más allá de lo estereotipado, entonces, descubrimos que las pupilas de la persona que estamos observando están repletas de historias no relatadas, que su piel conserva el olor de la leche materna, que sus manos, aunque arrugadas, están estremecidas por el espíritu de la renovación, que su pensamiento es un laberinto gigantesco, y que en su alma oculta el secreto, de la vida eterna...

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Y que somos, simplemente polvo. Guardamos en sí un montón de escombros acumulados, un montón de cenizas, por los derrumbes del pasado. Somos hollín purificado, huellas inertes que deja el pasado, y sin más, impresiones imborrables que dejan un legado sombrío y lleno de pavor. Debemos entender que la confortabilidad brindada por la rutina es engañosa, porque la realidad está en constante cambio, por eso es necesario aprender a darnos cuenta de que hay igualdad inclusive en los legados que nos deja nuestras propias historias. Y aquello que fuimos, no es más que una forma de enfrentarnos a lo que hoy somos. El miedo más agobiante y complejo de todos, aquel que sensata la forma de convertirnos en piedra, una forma grata de decir que comenzamos a odiar aquello que amamos.
El polvo se materializa y se endurece. Es como si el amor que tanto nos hace feliz, a la vez, nos destruye.

sergioalarcon97

Por favor, dejen de ser ilusos, no llamen amor a aquello que dura unos meses y luego se difumina, se va sin decir nada dejando, en ocasiones, heridas irreparables. El amor es aquello que se siente profundamente por otra persona, aún así sea en secreto, que no hay necesidad del contacto para dar a entender los deseos que oculta el alma, y que las miradas interconectadas son mejores que aquellos besos húmedos; el amar debe ser un arte, que no dure simplemente un tiempo y luego se olvide; debe ser como la arena de la playa, inclasificable, incuantificable, al parecer infinito; debe ser las cartas escritas con misterio dirigidas a una sola persona; debe ser único e irreemplazable.

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