sergioalarcon97

La venidera sensatez con la que el león mantiene su postura, es la misma a la que Zeus le otorgó a Poseidón en los mares; de aquí viene la premisa de ser mortales, ni poseedores de mares, ni depredadores salvajes. Somos y no somos, y estamos atentos en nuestra ausencia a que nos otorguen un lugar que no nos pertenece; la gran desventaja es el cortejo híbrido que existe entre el celibato y el hedonico poder de existir, porque asimilamos lo que nos obliga y lo soportamos adheridos a la idea de querer devorarlo todo.

Yo que he sido piedra y he tenido manos, mantengo invidente al tugurio; ni vida, ni espacio, ni alba, ni tiempo; degradado como el hormigón, en cenizas.
Aquí no llega el sol, ni tampoco el león se impone.

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