HinataWeasley

Kiba llegó a su casa, encendió las luces, se sirvió un trago. Se fue a la salita, tumbó latas vacías de cerveza y café sobre el sofá, se dejó caer con el peso de su día, de su vida solitaria. Suspiró con angustia, sin saberlo. Desde las penumbras vacilantes su mejor amigo apareció; Kiba se incorporó animado, sonriendo, olvidando. Pero Akamaru lo olisqueó, se dio la vuelta sin reclamos, se marchó en silencio sobre sus patas acojinadas.

No lo culpaba. Era inevitable que Hanabi estuviera en él.

La noche con ella se le caía encima. Tan breve, como si acabara de tocarla. Se reprochó haber recordado a Tamaki. Su apartamento le pareció ajeno. Comenzaba a extrañar esos tiempos sencillos, una vez más.

Se levantó por fin. Se marchó a su cuarto, se desvistió en la oscuridad, se quedó en calzoncillos. Se puso un suéter de algodón, se metió a la cama, quiso dormir, esperó.

Deseó con ansias que Akamaru llegara.

HinataWeasley

Quería escribir. Con ese pandemonio iluso convivía todos los días y poner todo el universo que bailoteaba tras los párpados, en tinta oscura sobre papel, o en grafito garabateado en páginas rosa.
Quería escribir sobre el amor y sobre la soledad y la incompatibilidad de las almas destinadas a estar juntas, porque eran los demonios que no me dejaban dormir por las noches, y porque eran cosas que yo sabía existían solo en libros y en humanos desprolijos.
Pero más que todas esas cosas, quería llorar por las noches y mis tristezas no parecían tener éxito, nunca. Mis ojos se humedecían con las partículas de mi cosmos que se amotinaban con parsimoniosa lentitud en mi garganta, y sin embargo, las lágrimas eran rocío egoísta en tiempos de sequía.
Pero aquella noche, aquella noche una gotita diminuta murió en un trayecto efímero por mi nariz redondeada.
Y fui feliz.

HinataWeasley

Un genio arroja luces desde su tumba y posiblemente a las sombras de su existencia consciente; los rayos provocaron muchas caídas de rodillas y sin embargo sigue siendo demasiado resplandeciente, y el único escudo plausible que mi psique puede crear se halla confeccionado con tejidos de raffs eléctricos y chillidos de falsos vampiros pertenecientes a una melodía cuya familiaridad ya olvidé.
De hecho el susodicho vampiro es un ídolo en aras de encarnar de persona en personaje, pero por más que ansío alcanzarlo, no deja de ser sólido en una imagen y vaporoso en imaginación, nada más que una proyección del fantasma de su voz hipnotizante de las noches y tonterías japonesas. Son sus canciones el colchón al fondo de las angustias de turno intrincadamente tejidas de inquietudes entre sí, formando cruces y hoces y guadañas que solo se largan por voluntad propia y diluyéndose cuando el sueño por fin arrastra placenteramente.

HinataWeasley

Lo que escribo son reminiscencias de recuerdos. Son los trazos ajados de una obsesión, de su fantasmagórica travesía intrincada bajo la piel de la frente en caminos que chocan entre sí. Y eso roba tranquilidad. Roba deseos y roba el sueño, y además, produce jaqueca ligera.

Cuando me doy la vuelta y cierro los ojos bajo la cobija, mi frenético y callado cuerpo se pregunta vagamente cómo es que hace unos instantes ansiaba arrebujarme para entrar en calor.

Cuando cierro los ojos el vacío parece tan desesperante que se llena de los apresurados rasgos carentes de misticismo del sexo. Cuando cierro los ojos, él y ella lo hacen de una y mil formas, e imagino el preludio, el intercurso, un final preconcebido y ajeno; pero dentro de mí sé que no sienten nada, y yo tampoco, y la magia se desvanece alternándose con el frenesí y me toco y pasa algo y no pasa nada.

HinataWeasley

Debería estarte haciendo muy feliz porque has logrado lo que querías que hiciera, y ahora estoy comiendo de tu mano porque es mi forma cruel de llamarlo. Entretanto mis demonios se tatúan el significado del llanto que todo el mundo conoce; te has vuelto tan importante que esta es la única forma que sé decirlo.

Y fui la muñeca de la vitrina que querías adquirir para tu colección, y de aquella seguridad de cristales suavemente blindados, he pasado a habitar en tu perfecta estantería creciente junto a ejemplares superiores, que paulatinamente me irán dejando en una sequedad con aliento a olvido. Pero esa clase de voces no se oyen.

Y tal vez deba quererte u odiarte o desear ver más allá de tu palabra y de tus lenguas seductoras que no creí ni por un instante; el picor en mis ojos es llanto también. Porque ahora solo hablo en estas metáforas estúpidas disfrazando verdades para mantenerme un poco más valiente.

HinataWeasley

Esta fuente agota su pobreza y su pobreza es todo lo que tiene, pero la fuente es preciosa o decente, o al menos aparenta serlo, porque todavía hay quienes la miran, como me miraste tú a mí. Como reconociste un atisbo de personalidad que ahora danza en colores reales, sin temblar despavorida en un rincón donde se vuelve invisible, como ahora solo ha ocurrido en recuerdos remotos y hasta ajenos.
Y desde esta angustiosa espera eterna y absurda de los pobres sopla este susurro esforzándose por no morir donde no debió nacer.
Y es este compromiso mismo, estos abortos mentales que no encuentran forma de ser; y me arrastraste aquí y como todo me dejaste y estas palabras son un despiadado recordatorio de una caída estrepitosa e inexorable, con miembros débiles e inútiles como apoyo, que reblandecen en el charco fangoso del que sé que no me levantaré jamás.

HinataWeasley

Una hora silenciosa que se puede graficar en el simbolismo de tres puntos suspensivos.

La bestia arremete violentamente contra los barrotes y colma el espacio con alaridos desgarradores.

Se cobija mejor en las noches carentes de presencias y su fantasma perdurará acechando, cuando se tenga la fuerte pero ciega intuición de que algo está mal, de que algo está definitivamente mal. Su ira es invisible y erupta en pequeños estallidos que se le atribuyen a otras cosas.

Golpea con puños brutos y sus hipotéticos zarpazos dejan ojeras y zozobras,  y nada ha cambiado y se busca atención perdidamente, desesperadamente, y está todo premeditado y por eso pienso en los demás y en esas cadenas que impiden mirar y fundirse en el infinito, en las trabas y la lentitud del teclado, en la ausencia del trance.

Y es vieja y sabia y es uno mismo que se mira con ojos diabólicos y saboreando en quietud los pronósticos funestos.

6tory | inglés | español | condiciones